Tétanos


El tétanos es una de las enfermedades más antiguas conocidas por el hombre. Ningún animal es inmune a esta enfermedad, y el equino es el animal más susceptible de todos. Lo más común es que ocurra después de una herida, pero también se asocia a fracturas, complicaciones obstétricas (como retención de placenta después del parto), infecciones post-castración, ulceraciones de piel e infecciones umbilicales. Una de las causas más vistas es luego de una herida por elementos punzantes en el casco, como un simple clavo.
La enfermedad es producida por una bacteria llamada Clostridium tetani, un bacilo gram negativo, formador de esporas y de una toxina llamada tetánica, habitante normal del tracto gastrointestinal y del medio ambiente, que requiere de un medio anaerobio (ausencia de oxígeno) para sobrevivir y desarrollarse.
Los signos clínicos pueden manifestarse desde días hasta meses después de adquirirse la enfermedad, todo depende del tiempo de incubación. Esto depende de la susceptibilidad propia de cada animal, de la cantidad de bacterias presentes en la herida, etc.  La forma más común es la generalizada, donde una herida es seguida a los pocos días por espasmos y parálisis de los músculos. Los primeros en contraerse son los músculos mandibulares, lo que impide la normal masticación y deglución. Hay una excesiva salivación que cae por las comisuras y regurgitación de comida y agua por los ollares. Si se paralizan también los músculos faríngeos y laríngeos puede sufrir neumonía por aspiración. Los párpados se encuentran retraídos, las orejas erectas y los ollares dilatados, “expresión ansiosa o de asombro”. Los miembros se encuentran rígidos, recibiendo el nombre de “caballo de madera”.  A medida que aumenta la rigidez, existe retención urinaria y fecal. El animal camina con dificultad y al hacerlo puede caer en decúbito, lo cual agrava los espasmos por la desesperación del animal por incorporarse. Sonidos o estímulos visuales  no esperados pueden provocar convulsiones en el animal, acompañado de una excesiva sudoración, aunque esto ocurre generalmente en estadios finales de la enfermedad.
La muerte  puede ocurrir debido a parálisis respiratoria, neumonía por aspiración, deshidratación o malnutrición. Si el animal se encuentra en decúbito, incapaz de incorporarse, aparecen úlceras en la piel.
Los animales pueden sobrevivir si se emplea un tratamiento adecuado en el estadío agudo de la enfermedad. Cabe aclarar que los animales recuperados pueden tardar meses en lograrlo y no son inmunes a nuevos ataques de la enfermedad.
El diagnóstico se basa principalmente en visualizar los signos clínicos clásicos de la enfermedad, sumado a una correcta anamnesis, donde lo más importante es el registro por parte del propietario o cuidador del caballo de posibles heridas o traumatismos recientes.
El tratamiento requiere de un rápido reconocimiento de los signos clínicos. La terapia debe ayudar a prevenir que se absorba más toxina tetánica desde la herida, neutralizar la circulante y controlar los espasmos musculares y otros signos.
Se debe localizar la herida y realizar una correcta toilette, osea la remoción de cuerpos extraños y tejidos desvitalizados. Limpieza con agua oxigenada u otros antisépticos. Antes de esto se debe administrar la Antitoxina tetánica, para neutralizar posibles toxinas liberadas durante la limpieza. Esto no revertirá los signos. También se recomienda la administración de antibióticos como Penicilina.
Los espasmos son controlados manteniendo al animal en un lugar oscuro, libre de ruidos y principalmente quieto, en lo posible tratarlo en un medio familiar. Puede ser necesario el uso de tranquilizantes, sedantes y/o relajantes musculares, para controlar espasmos, ansiedad y convulsiones. Deben controlarse los parámetros vitales, la deshidratación, la función renal, los electrolitos de la sangre y el estado ácido-base de la misma con regularidad.
Inmunización:   Si se desconoce o no existen antecedentes de vacunación en un caballo traumatizado, se debe administrar Antitoxina Tetánica de origen equino, por vía subcutánea o intramuscular. El Toxoide Tetánico se debe administrar simultáneamente, pero en un sitio aparte, seguido por una dosis un mes después, y después mantener una revacunación anual de por vida.
Las yeguas deben recibir una dosis del Toxoide un mes antes del parto, para que existan anticuerpos en el calostro para darle protección al potrillo recién nacido. Este debe ser vacunado con Toxoide a los 2, 3 y 6 meses de edad, con un refuerzo anual al igual que los adultos.

Por Bárbara González Etchande,
Estudiante de Cs. Veterinarias, UNLP.

Bibliografía: “Terapéutica actual en medicina equina”, Ph.D. Profesor Edward Robinson y Colaboradores, Universidad de Michigan, USA. Ed. Prensa Veterinaria Argentina, 1992.

 

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